Porque me tendré que despedir de la cama, que tantas noches a compartido conmigo, de la pobre almohada que sabe todos los secretos que pienso. De la pared, que una vez raye de pequeña con aquel rotulador rojo, creyendo que sería la mejor obra de arte conocida. Del largo pasillo, en el que pude dar mis primeros pasos, de la cocina, donde solo Papa sabía preparar su famoso ''Platáno Splof''. Del baño, donde mientras la guerra crecía me encerraba a llorar. Del butacón, donde mi abuelo solía mirarme dormir.
Echo la vista hacía atrás y recuerdo como era todo la primera vez que me marché. Aquella era la habitación de mis padres, mi favorita. Azul y blanca, era perfecta. Mi habitación, aún decorada con aquella cenefa de ositos de peluche que tanto me gustaba, y el caballito de madera en una esquina. El salón, es lo único que sigue igual que antes, es por eso que cuando no hay nadie en casa, me suelo ir allí a recordar, lo que fué la etapa más feliz de mi vida.
Lo veo con demasiada pena. Ya nada es lo que era, ya nada vuelve a estar como estaba. Es duro. Han pasado tantos cambios que da hasta miedo. Y es verdad se sufre.
Porque duele ver que ya no eres la pequeña de la casa, la que podía ir subida a la espalda de Papa recorriendo toda la casa, como princesa encima de su corcel, desmotiva que ya no se pueda. Y que no podamos hacer ''cabañas'' con cualquier sabana que encontraramos. Ya han pasad esos tiempos. Aquellos, en donde ya tuve que decir adiós una vez y donde tenía que dejarle aquí, solo. A él a Papa, aunque sabía que sería fuerte y podría con todo. Y así lo hizo. Eran tiempos duros, demasiados para alguien como nosotros.
Me vuelvo a marchar, incluso más lejos aún de lo que me fui una vez. Aunque ahora dejo aquí a algo más que a mis peluches y mis lápices de colores, dejo a mis amigos, a los que son como un pilar de mi vida. Dejo a ella que es como mi hermana y a la que abandonarla aunque solo sea por un tiempo será lo más duro que haga, dejo a mi maA, a mi tete y a mi otra nena. Les dejo aquí, porque no puedo quedar con ellos. Es duro, sobre todo dejarle a él, a ese niño perfecto, al que quiero como a mi vida, aunque se piense que no, al que necesito conmigo porque si no, no soy nada. Son cosas que marcan a una persona. Son cosas que ni con el tiempo se van a borrar.
Aquí o allí, donde quiera que este. Con vosotros siempre.
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